8 de marzo de 2014

El nuevo blog del Colectivo Entrópico

El Colectivo Entrópico te invita a visitar su nuevo blog oficial: 



Iniciamos la mudanza con todos nuestros contenidos que hemos creado desde el año 2009, desde que nos integramos al mundo digital. Los lectores y los autores podrán encontrar un diseño y gráficos más agradables.

Gracias por seguirnos y por tu interés desde que el Colectivo Entrópico vio la luz en 2007. 

Este el el último post que realizamos en este blog.

 No dudes en visitar nuestro nuevo sitio y en escribirnos al correo colectivoentropico@gmail.com o también puedes buscar nuestra página oficial en Facebook. 

  ¡Que siga la fiesta!

 

19 de octubre de 2013

Presentación del Colectivo Entrópico en la FIL Zócalo 2013


 El 19 de octubre, el Colectivo Entrópico presentó en la Fil Zócalo 2013, su antología número 13:
Un claro en la ciudad.

Fotos: Marcial Carreras

De izq. a der: Daniela Flores, María Natividad Salones, Claudia Irubí Hernández, Alberto Vargas Iturbe, Lucero Balcázar, Felipe Gaytán y Salvador Bretón.






De izq. a der: Felipe Gaytán, Josué Bermúdez, María Natividad Salones, Claudia Irubí Hernández, Salvador Bretón, Lucero Balcázar y Daniela Flores











 Fotos: Josué Bermúdez Olivos





Josué Bermúdez Olivos tomando la palabra

12 de octubre de 2013

Javier Serrato Vargas



 ¡Va por todos y cada uno!






 Javier Serrato Vargas
 Jungapeo, Michoacán, 1961. Es miembro de Consejo Editorial del Colectivo Entrópico y miembro fundador del mismo. Ganó la Beca del FOCAEM en 2008. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Ha publicado Historias de la prepa popular, 1996; Relatos de abarroteros y otras cachonderías, 2005; Lo que germinó del sueño, Ala Tinta, 2002; Vuelta a la prosa campesina, Espacios literarios, 2004; en conjunto ha participado en Cofradía de Coyotes, La Coyotera Editores, 2007; Que el tiempo lo decida, Colectivo Entrópico,  2007; Aquí todos soñamos, Colectivo Entrópico, 2007; Bragas de la noche, Colectivo Entrópico, 2008; Ardiente Coyotera, Cofradía de Coyotes, 2008; Bragas de la noche, Colectivo Entrópico, 2008; Potrancas y Garañones, La otra orilla del deseo, Colectivo Entrópico, 2009 y en la antología de cuentos y relatos La Travesía, Colectivo Entrópico, 2009.

 A continuación el poema de Javier Serrato Vargas "El manantial de la vida", publicado en el libro 
La siembra del verbo, Colectivo Entrópico, 2010. 




 
El manantial de la vida


Me eres necesaria
como mis pupilas.
Te necesito como el sol.
El aire que respiro.
Eres la gloria.
Eres la diosa
que me da luz.
Eres la noche
que contemplaa mis sueños.
Tus labios son la miel.
Son el manantial de la vida.
Los necesito diariamente.
Eres la flor de dalia
Que almacigué ayer
y requiero a diario.
Tu blanco cuerpo
es la bruma que enciende mi pasión.
Es la nube que se adueña de mi cuerpo,
el mío penetra tu pureza.
Depierta lágrimas dormidas
que necesita la tierra.
Encuentra la paz,
perpetuará nuetras vidas.
Tus labios uniformes son la carne de mis deseos.
Hoy 
descubriré los rincones
de tu alma.

Colectivo Entrópico en la FIL Zócalo 2013


27 de septiembre de 2013

María Natividad Salones Jiménez

¡Va por todos y cada uno!

 María Natividad Salones Jiménez

México, D.F, 1965. Licenciada en Pedagogía por la ENEP Acatlán/UNAM. Docente de Educación Regular de Preescolar a Profesional Técnico. Docente de Educación Especial  y terapeuta de aprendizaje. Correctora de estilo de libros, revistas y conferencias especializada en temas de Psicología, Sexualidad y Desarrollo Humano. Amante de emociones y de las Letras, por ello, escritora de cuentos y poemas. Esta es su primera publicación. 

A continuación, el cuento Una tarde de María Natividad Salones Jiménez, publicado en el libro Un claro en la ciudad, antología de cuento, poesía, crónica, enayo, novela y dramaturgia, Colectivo Entrópico, 2013.  



Una tarde

Esta es una tarde con el sonido constante de los autos, de los claxon que contrapuntean en un multitudinario regreso a  casa de burócratas, empleados, banqueros, estudiantes, empleados y gente, mucha gente, de toda.

Se puede sentir el ocasional sonido de la bocina de un tráiler, el ladrido de un perro que para esta hora ya comienza a andar muy lento, tras haber ingerido algún trozo de comida y digerido con ayuda de un charco de agua sucia, y buscará un lugar para la noche; la irrupción lejana y serpentina de una ambulancia que surca entre los autos para alcanzar rápidamente su destino. 

La tarde languidece una vez más para morir en brazos de la noche.

Y hace frío, no ha pasado aún el invierno y mi tarde es nostálgica y tal vez triste. Busco el amor y el dinero que se pierden en los sonido de cada tarde, una tras otra. Y un avión me recuerda que el cielo existe, y que soy una entre muchos, una que presta su oído al concierto interminable de la ciudad, que es mi casa, mi nido, soy parte de ella, y ella es parte mía. La he andado, gozado y sufrido en muchas tardes iguales a esta, en muchas tardes distintas a esta.

Y mi alma se llena de lágrimas, y el cielo se llena de estrellas.

Deslizar la pluma sobre el papel, ¡Qué sensación tan bella! Casi tanto como viajar sobre el paisaje de tu piel.

17 de septiembre de 2013

Alejandra González Martínez

 ¡Va por todos y cada uno!

Alejandra González Martínez

 Nació en México, D.F. 1969. Narradora y poeta. Ha publicado en las antologías: Memorias del 9 Festival Latinoamericano de Poesía 2013, Tintanueva Ediciones, Ayuntamiento de Nezahualcóyotl, 2013; Agua de Cántaros, Ediciones del Zócalo, 2007; Bragas de la noche, Colectivo Entrópico, 2008; Ardiente Coyotera, Cofradía de Coyotes, 2007, entre otras. Entre otros premios destacan: Mención Honorífica en el Premio DEMAC 2009-2010, para mujeres que se atreven a contar su historia, del cual se publicó la antología Testimonos de Mujeres Mexicanas 2011, tomo 1. Ha sido ganadora del concurso Cuentos del Sótano III y IV, convocado por ENdOra ediciones, de las cuales se publicaron las respectivas antologías y Premio Nacional de Cuento Tintanueva 2013, con la obra "Sí que nos llovió esta vez".

 A continuación, el cuento de Alejandra González Martínez publicado en la antología de cuento erótico Bragas de la noche: "Con las cortinas cerradas (La 35 mm)"








 CON LAS CORTINAS CERRADAS
(LA 35 MM)


-¿Compadre?, aún está despierto.
-¿Qué pasa?
-Nomás vengo a que preste su cosa esa, la 35 mm.
-¿Cuál compadre?, pásese, no se quede en el frío.
-¡Ay compadre!, ahora sí estoy rete encanijado.
-A ver compadre, mejor le sirvo un tequilita y me va platicando para que la quiere.
Al calor de las copas, Gervasio se dio valor y empezó a contar lo que instantes antes había visto. Llegó temprano del trabajo, y como no, si era su aniversario, pero el ramo de rosas cayó de sus manos.
-Ayúdeme compadre, estoy desesperado.
-Pero primero cuénteme.
-Si, como le digo; llegué todo ilusionado a darle la sorpresa a su comadre y el sorprendido fui yo.
-Pero al entrar, ¿no escuchó nada?
-No, ella cerró la puerta de la habitación y yo tan güey que entro de puntitas.
-¿Y luego compadre?
-Pues que los voy viendo, ahí en la cama, ni se habían dado cuenta y seguían enpiernados.
-¿Y usted? ¿Qué hizo?
-Pues primero me salí de la recámara y vi que no estaban los niños.
-Bueno al menos fue precavida, no es bueno echarles a perder la mentecita de los ahijados.
-Pero es que ni me lo esperaba, estuve a punto de salirme cuando voy oyendo los pujidos de placer de su comadre, sí hasta me tapé las orejas pero aún así.


-Sí compadre, me consta que la comadre es muy escandalosa.
-¿Cómo? ¿No me diga que usted y ella ya?
-No ¿cómo cree?, pasa que hasta acá nos llegan sus gritos.
-Menos mal yo, que ya estaba a punto de tomar su 35 mm y estrenarla con usted.
-No compadre, ¿cómo cree? No soy, es que el canijo estaba bien equipado.
-Y la comadre, ¿qué hacía?
-Primero tenía los ojitos en blanco.
-¿Y después?
-Que voltea hacia mí.
-¿Y usted que hizo?
-Pues nada, me quedé perplejo.
-¿Pende...?
-No, perplejo compadre, luego por qué se hacen los chismes.
-¿Y ella?
-Que me sonríe y me dice: “Feliz aniversario mi vida”
-¿Tanto así?
-Sí, por eso vengo a pedirle el favor.
-Si compadre nomás déjeme cargarla ¿Y cree qué aún los alcance?
-Ojala, ya ve que Rosa es de carrera larga.
-Buenos pues, apúrese y luego me cuenta todo.
-Sí, gracias compadre.

Transcurrió el fin de semana y Pedro no sabía nada de su compadre, apurado fue hasta su casa el martes por la tarde.

-¿Compadre está en casa? ¡Ábrame por favor!
-¿Qué hay compadre?
-Es que no he sabido nada de ustedes, estaba con el pendiente y luego las cortinas cerradas pues me asusté.
-Pásele y le digo qué pasó, aunque me extraña que no haya tenido noticias de nosotros, aparecimos en el periódico.
-¿De veras?
-Sí ahorita se lo enseño.
-Entonces, aún los alcanzó en pleno faje.
-Sí, cuando solté el primer disparo ni cuenta se dieron, les tuve que hablar para que voltearan la cara hacia mí.
-Oiga, pero eso ya es saña.

-Ni se crea, ambos sonreían cuando empecé a disparar sin discriminación.
-¿Y luego?
-Pues nada aquí estamos, esperando.
-¿Y por qué cierra las cortinas? ¿Tiene miedo?
-La verdad sí, yo seré muy aventado; pero la discreción ante todo, ya ve cómo son aquí de mojigatos.
-Si no es porque usted me lo dice ni lo creyera.
-Pues le voy a traer el periódico para que se desengañe y ya después hablamos.
-No hace falta, ya me decidí Pedro... yo también le atoro.
-Mire, primero vea esto y luego me dice.
“Mujer joven, casada, de buen cuerpo; busca hombres de amplio criterio, de preferencia bien dotados; para disfrutar juntos, a condición de que se dejen fotografiar y filmar por el esposo”.
-Es que, que le cuento compadre; el acompañante de mi esposa nos prestó su cámara de video. Y de lo otro, no me lo tome a mal, el único requisito es que lo veamos desnudo antes, su comadre se ha vuelto muy exigente.

10 de septiembre de 2013

Verónica Núñez Abad

¡Va por todos y cada uno!






Verónica Núñez Abad 

Distrito Federal, México.  Profesora y Comunicóloga, egresada respectivamente de la escuela Normal No.7 de Nezahualcóyotl y de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, en la especialidad de Periodismo. Ha publicado en diversas antologías  como La travesía, Colectivo Entrópico, 2009,; Hojas de Verano:  del Taller Charles Bukowski, Casa del Poeta Las 2 Fridas, 2009.

A continuación les presentamos el cuento de Verónica Núñez Abad: Camelia, publicado en el libro de cuentos y relatos La travesía.










                                 Camelia

Tocó el timbre insistentemente siete veces y nadie respondió. Los de la casa 142 de la calle Camelia aún dormían. Era una madrugada especialmente fría, al hombre se le impregnaba hasta los huesos, no podía encontrar las llaves, la camisa hecha jirones, ensangrentada, no guardaba nada, los vagos de la Degollado se habían encargado de ello. Volvió a tocar y fue inútil, optó por chiflar, era una tonada familiar: cuatro largos chiflidos reconocidos por todos era su sello personal, sus amigos y compañeros de trabajo rápidamente sabían que era él cuando llegaba al cabaret o a la cantina.
Una voz de protesta se escuchó:
– ¡Ya llegó tu hijo, mamá, y viene bien borracho!
Doña Con se levantó pesadamente del sillón de la sala, era su dormitorio, todas las camas y catres de la casa 142 estaban llenos, no alcanzaban para toda la prole, la nieta y su hija compartían su sueño en esa habitación.
Buscó las chanclas debajo del sillón y un suéter en el ropero, el frío de esa mañana era especialmente gélido, abrió la puerta y las voces molestas le reclamaron:

–¡Cierra la puerta, mamá, bonitas horas de molestar!
Arrastró los pies por el patio, estaba cansada de tanto quehacer, durante el día lavaba montañas de pañales de los nietos, cocinaba para muchas bocas, trapear, barrer, limpiar, sacudir eran palabras de su cotidianidad. Ahora al ser arrancada de su descanso gritó:

−¡De veras que no entiendes, Pedro, ya vienes borracho y ni dejas dormir, haces mucho escándalo!
−¡Gordita, jefa, perdóname, en serio ya no te voy a molestar, ya perdóname, de veras perdóname!
−¡Ay, Jesús bendito mira cómo estás, encuerado, Pedro, no te da vergüenza, qué va a decir la gente, ya métete, vienes bien borracho, ni te puedes sostener, no entiendes, no entiendes! ¡Violeta, Violeta, ven ayúdame!

La hermana pequeña tomó sus lentes verdes y corrió al patio descalza, le gustaba hacer gala de su fuerza adolescente y llegó dispuesta a ayudar a la madre con su bulto pesado. Pedro estaba golpeado de la cara, un hilillo de sangre venía de la cabeza, las mujeres lo ayudaron a entrar a la casa y su hija al verlo, se sobrecogió de miedo, ahí estaba el padre, borracho y golpeado, ninguneado por los asaltantes que se habían llevado lo último que le quedaba del sueldo.

Margarita ya se había levantado y trajo unos trapos y agua para limpiar al hermano herido, pero alcanzó a ver la cara de horror de su sobrina y le pidió que fuera a su cama, la escena no era para una niña tan pequeña de cinco años.

Las mujeres se afanaron en limpiar al hombre, hijo mayor de la familia Hernández. Asentados desde hace años en la calle Camelia, de la populosa colonia Guerrero, llena de vecindades, cabarets, cantinas y prostíbulos, “una colonia alegre” diría Pedro, quien acostumbraba visitarlos, gastándose la mayoría de las veces el mísero sueldo que le pagaba su patrón en la joyería.

Hicieron un té de manzanilla y Pedro se acostó en el sillón quitándole a su madre el único lugar de la casa donde podía descansar de la dura jornada del día, doña Con, se puso su mandil y fue a la cocina para iniciar la rutina diaria. La casa se llenó de un exquisito olor a café recién preparado, sacó los frijoles del refrigerador y se dispuso a hervirlos, el desayuno estaba casi listo.

Margarita prendió el radio en 6:20 “La música que llegó para quedarse”, Sergio Méndez y su Brasil 66 se escuchaba suavemente, mientras llenaba la lavadora y sacaba la ropa del cesto, casi amanecía esa mañana del primero de octubre del año 1968, cuando oyeron el claxon del Volkswagen verde modelo 63, con su orgulloso conductor −¡Llegó Enrique, con el Gordo! Violeta corrió otra vez descalza por el patio para ayudar a cargar al Gordo, masa corpulenta que llegaba todas las mañanas en entrega puntual.

Violeta entró a la cocina con el Gordo. La abuela y su tía lo vieron con fastidio, otra boca qué alimentar y por cierto ésta era muy exigente y tragona, le encantaban los frijoles y la gelatina, que saboreaba hasta ensuciarse la ropa y los cabellos.

− ¡Quero picoles y kelatina!− dijo el Gordo.
La abuela al percatarse de la presencia de su yerno respondió:
−Sí mi niño, ya están tus frijolitos calientes, te voy a preparar tu huevito.
−Suegra, le dejo al niño, me voy, vamos a llegar tarde para recoger al Gordo, es que tenemos una reunión en la oficina, le dejo estos cinco pesos para lo que se ofrezca.
Doña Con ya no respondió, ese dinero no alcanzaba para comprar toda la fruta que le gustaba al crío y eso de llegar tarde, probablemente regresarían ebrios o llamarían para decir que no vendrán por su Gordo.

Poco a poco aparecieron en la cocina de la casa de Camelia, los otros integrantes, Eva con su acostumbrado mal humor se sirvió una taza de café para despotricar sobre madruguete del hermano ebrio, sus hijos se levantaron a jugar con el Gordo, todos casi de la misma edad.

La abuela Consuelo preparó diligentemente los alimentos ayudada por Margarita. Eva pidió el baño caliente, tenía que llegar rápido al hospital y tenía un retraso. Las cobijas se empezaron a doblar y con ellas se sacudieron los sueños de la noche, la nieta mayor fue peinada en esa cocina con un grueso peine, mojado en las ollas de leche del fregadero, con tanto cabello, qué fastidio peinar tanta cabellera, sería bueno cortárselo por la tarde con el peluquero de la calle Soto, después de la salida de la escuela sería ejecutada la sentencia.

Los varones de la casa siguieron acostados, uno durmiendo la borrachera, el otro con su cuerpo musculoso disponiéndose a levantar pesas en el gimnasio Atlas y seguir marcando su bello cuerpo, con mirada burlona miró a sus parientes cuando llegó a la cocina y escudriñó los humildes alimentos:

−Comen pura basura− dijo para sus adentros.

La casa tenía que limpiarse escrupulosamente, la abuela Con era especialista en dejar todo perfecto, Violeta y Margarita ayudaban junto con la nieta a que se cumplieran los rituales de limpieza exhaustivos y complejos. La visita al mercado Martínez de la Torre era una de las actividades más importantes del día. La casa de Camelia 142 contaba con mangos, uvas, plátanos, naranjas, queso, jamón, huevo, frijoles, café, gelatina, crema, tostadas, pollo, verduras, hígado y corazón de res, tortillas muchas tortillas, pero la fruta no era para todos, se empacaba en cajas azules en el refrigerador y algunas eran escondidas en lugares inaccesibles para ciertos individuos de la casa, estaban prohibidas para quienes no estuvieran en el corazón de la abuela Connie. A la hora de la comida, se repartían según su criterio y la mayoría de las veces no había ninguna conmiseración, su actitud era fría, tajante y determinante.

Por la tarde después de bajar todos los pañales y ropas infantiles de la azotea, montañas de ropa por doblar y planchar, la abuela junto con sus hijas no dejaba de trabajar, sin embargo había un placer que no se podía perder: ver las telenovelas, le encantaban las actuaciones de Rafael Banquells y Mauricio Garcés en Gutierritos, se volvía loca con tantas actrices novelescas: Amparo Rivelles, Sonia Furió, Rafael Baledón, Doña Prudencia Grifel, Sarita García y tantos actores que dibujaban su realidad social, no se daba cuenta que los escondrijos de la fruta en la cocina eran hallados por sus nietos y se atragantaban mientras ella se entretenía con las actuaciones.

Ese día antes de dormir y terminar de ver El Fugitivo o Los Invasores en la tele entre otros programas, la abuela tuvo que recibir a la nuera furiosa quien llegaba escandalizando y pateando la puerta porque quería a su marido con el dinero del sueldo, también los gritos de su hija arremolinaban a curiosos en la calle de Camelia, Claudia desesperada y neurótica frente al zaguán deseaba abrirlo y ver a su marido que quiere dinero, siempre dinero para comprar comida y apostar en el hipódromo. El señor de enfrente abría la cortina al escucha a sus vecinos tocaba su cabello corto mientras espiaba por la ventana y sonreía al ver la escena.

Por fin la puerta se abrió, era una niñita, su hija con un suetercito y un fondito de dormir, con ojos llorosos, asustada abrazó a su hermanito que venía con la gritona, temblaban de miedo y de frío, bajo el número 142 le zangoloteó los hombros preguntándole por su padre alcohólico, señaló con su dedo índice hacia adentro y con toda su furia se introdujo a la casa.

Pedro se levantó, había escuchado a su mujer y ya un poco sobrio le platicó del asalto pero ella lo que deseaba era golpearlo. Forcejearon, la familia intervino y los corrieron, antes la abuela Consuelo en un frasco de café puso sopa de pasta y en otra olla, frijoles para llevar. Se fueron, alejándose de la calle Camelia arrastrando a sus hijos que los miraban pelear. El hombre en la ventana se dispuso a dormir, alistó su uniforme militar.

¿A dónde caben tantos en la casa 142 de la calle Camelia? Se preguntan los nietos. Pronto se hospedarán los primos de Cuernavaca, una prole muy vasta de los tíos Rafael y Julia. Unas colchonetas en el suelo, la harán de cama y acostarlos cuando lleguen, esas las venden en el mercado Martínez de la Torre. Ir a buscarlas será una prioridad para la abuela.

Llegarán los parientes lejanos y visitarán la casa de Camelia, en las fiestas navideñas arribarán con la abuela Consuelo vendrán por orden de aparición: la tía Carmelita, el tío Manolo, Sergio con su esposa Celia además sus tres vástagos, Cuca y Arturo los recién casados, el tío José actor y cantante con sus pestañitas enchinadas, oliendo a perfume impregnando hasta los frijoles de la abuela con su olor, su esposa Lucy, la amiga de la tía Tania que es solterona, los compadres de Enrique, su hermana Teté y su marido con tez blanquísima, hasta Chabelo amigo de todos los niños, Carlos, Neto y Titino ventrílocuo que sale en la tele con sus personajes.

Recibirán un regalo generoso de la Tía Teresa, en ese gran árbol navideño se apilarán para cada uno de los visitantes de la calle Camelia saboreando los guisos de la abuela Consuelo y brindarán por otra navidad juntos.

Por lo pronto hoy amanece. Es dos de octubre del año 1968, el vecino de enfrente se levanta temprano, deja su uniforme planchado, se viste de color obscuro y recuerda que tiene que llevar un guante blanco antes de salir.

4 de septiembre de 2013

Sergio García Díaz




Inauguramos esta sección en el blog del 
Colectivo Entrópico con el fin de publicar parte de la obra de cada uno de los escritores que han pasado por sus páginas.
Después de 13 antologías, suman ya más de 150 narradores, poetas, dramaturgos, ensayistas, fotógrafos, ilustradores que desde 2007 se han dado cita en nuestras páginas.
¡Va por todos y cada uno!
 
El padrino de esta sección es Sergio García Díaz.

  

Escritor mexicano (México, D.F., 1962). Reside en Nezahualcóyotl. Ha colaborado en revistas y periódicos. Forma parte del Consejo Editorial del Colectivo Entrópico. Parte de su obra literaria comenzó a ser publicada en antologías de cuento y poesía (La semilla del árbol, Tú vivirás para siempre, Amar el mar). Su obra individual está conformada por Border Lane (Mixcoat, 2002), La pasión por las moscas (cuento, Fontamara, 2006), Dos entradas por un boleto (Jano, 2003), Sueños de un chamán (Coyoacán, 2003), Pétalos de mar (Praxis, 2003), Animales impuros (Fontamara, 2006), Alicia en mi espejo (poesía, Praxis, 2006) y Bajos fondos (Praxis, 2009).  


 A continuación los pemas de Sergio García Díaz publicados en el libro Aquí todos soñamos, Colectivo Entrópico, 2007, con prólogo de José Franscisco Conde Ortega. 








 La soledad 
Adelanto el reloj para llegar temprano, pero siempre me gana la soledad. Es como un almácigo que germina en cualquier rincón y en cualquier estación del año. Aunque en diciembre se reproduce su presencia con mayor nitidez, en la primavera como que se evapora, pero la sed me hace recordarla con mayor intensidad.
 

Tu axila

Hoy quisiera recordar la concavidad donde se anida el silencio de tu recuerdo. La esencia de tu paso por mí, donde cobijé mi alma, bajo la gruta de tu axila. Quisiera recordar que ahí se anida el silencio y el aroma de las orquídeas negras.
Existen otras partes que se confunden con la esperanza, el deseo, la rabia, que se ubican en los pies, en las ingles, detrás de tus pequeña orejas, en tu deliciosa y húmeda boca, pero yo creo que la solidaridad y el silencio amoroso sale de tu axila.

Por eso hoy quisiera recordar esa cueva del encanto. Esa parte de tu extenso cuerpo que anida el silencio, pero también el canto de los pájaros y el desencanto cuando duermen y guardan silencio.

Ahí, en tu sobaco (creo que esta palabra no es muy poética, pero así se llama esta oquedad aromática) anida el desencanto y el canto de los pájaros. El desencanto, cuando llega el silencio, y el canto, cuando se extiende el brazo y sale aquella esencia a aceite de nerolí, a veces a naranjo amargo, en otras ocasiones a lánguido jazmín o a dulce tuberosa, sin olvidar la parte romántica del sándalo.

Por eso hoy quiero recordar tu axila y rascarme la mía, como lo hiciera Bukowski, que en una entrevista dijo que lo que más le gustaba era rascarse los sobacos. Pues sí, ahora y en este instante deseo recordarte rascándome las oquedades y guardar silencio para que los pájaros canten su desencanto.